Las relaciones de pareja pasan por diferentes fases y en cada una de ellas, aparecen distintas necesidades y exigencias, lo que requiere de un ajuste continuo de cada uno de sus miembros. Cuando la pareja o alguno de los dos no saben adaptarse a dichos cambios, surgen dificultades. Hay etapas en las que los cambios son mayores que en otras y requieren de un mayor ajuste, si éste no se produce, se agudizan los conflictos y surgen las crisis de pareja. Situaciones como la convivencia, el nacimiento de un hijo, la muerte de un ser querido o un cambio de residencia, por ejemplo, ponen más de manifiesto las diferencias existentes entre sus miembros y la flexibilidad de cada uno de ellos, haciendo que la relación se “tambalee” y poniendo a prueba su solidez. Llegados a este punto, muchas parejas se sienten incapaces de encontrar una solución por sí mismas y necesitan de la ayuda de un mediador o psicólogo.