El primero en hablar de moobing fue H.Leymann para describir el acoso laboral. Al principio habló de bullying (término empleado para definir el acoso escolar) en el trabajo, pero terminó creando el término moobing para diferenciarlos, al darse cuenta de que no eran exactamente lo mismo. La principal diferencia es que en el bullying o acoso escolar, el maltrato es más de tipo físico y en el moobing o acoso laboral éste es, fundamentalmente, psicológico.

El moobing se da cuando un grupo de personas se comporta de manera hostil hacia un compañero de trabajo, con el fin de aislarlo. La víctima suele ser una persona que destaca laboral o personalmente, que no suele adaptarse a la manera de hacer las cosas o ciertas peticiones de dicho grupo, por no encajar con su escala de valores o manera de pensar. Por lo que el grupo lo convierte en una amenaza para su estabilidad. Según Leymann, se trata de “una situación en la que una persona (cabecilla del grupo) ejerce violencia psicológica extrema, de forma sistemática, recurrente (al menos una vez por semana) y durante un período de tiempo prolongado (durante al menos 6 meses), para entorpecer las labores y destruir las redes de comunicación y reputación de alguno de los compañeros y así obligarlo a renunciar”. Estas acciones tienen como consecuencia el deterioro de la salud física y/o psíquica de la víctima. Existen tres tipos de moobing:

1. Ascendente: de un subordinado a un superior (muy poco frecuente).

2. Horizontal: entre compañeros (el más frecuente y fuerte)

3. Descendente: también llamado bossing, que sería de un superior a un subordinado.

Los niños o adolescentes víctimas de bullying, no suelen pedir ayuda directamente, por lo que, debemos prestar especial atención a cualquier cambio significativo su comportamiento. Si notamos que nuestro hijo se ha vuelto, por ejemplo, más retraído, ha dejado de salir con algunos amigos, o pasa mucho tiempo encerrado en su habitación, o más sensible y se enfada o llora con más facilidad, come menos que antes o más, duerme poco o está durmiendo casi todo el rato, su rendimiento académico baja o cambios en sus hábitos de higiene, etc., podría estar siendo víctima de acoso escolar. Ante cualquier sospecha, lo más conveniente sería consultar con un especialista o psicólogo.